Fin de las retenciones en la mira: el esquema del Gobierno para darle aire al campo y su impacto de lleno en el tablero global
Desde el día uno de la campaña, la promesa de Javier Milei fue clara: sacarle el pie de encima al campo y eliminar las retenciones, un lastre histórico para la agroindustria y una de las cajas más fuertes del Estado. Ahora, el Gobierno parece haber puesto a rodar el cronograma definitivo. El ministro de Economía, Luis Caputo, confirmó el viernes en conferencia de prensa que Argentina va a ir podando los derechos de exportación a lo largo de los próximos dos años. El objetivo de máxima sigue siendo llevarlas a cero, pero por ahora manda el pragmatismo y el ajuste fiscal, por lo que la baja será escalonada y progresiva hasta 2028.
Para la soja, el rey indiscutido de las exportaciones argentinas, el alivio arranca a sentirse mes a mes recién en 2027. Hoy las retenciones están clavadas en un 24%, y la idea es aplicarles un recorte de 0,25 puntos porcentuales cada mes durante todo ese año, para que cierren en un 21%. En 2028, el serrucho se acelera a medio punto mensual, apuntando a tocar un piso del 15% para fines de ese año. Caputo aclaró que la harina y el aceite de soja van a acompañar esta baja de forma proporcional. Todavía faltan algunas precisiones operativas, y por el momento, ni la Secretaría de Bioeconomía ni el Ministerio salieron a mostrar la letra chica de los derivados de la oleaginosa.
El maíz también entra en el plan de achique, aunque con otra dinámica. Actualmente tributa un 8,5% y el recorte no va a ser mensual, sino trimestral. Economía planea bajar 0,25 puntos porcentuales por trimestre a lo largo de 2027, para pisar el acelerador con bajas de 0,5 puntos cada tres meses en 2028. Si los números cierran tal cual lo anunciado, el cereal va a quedar en 7,5% a fines del año que viene y tocaría el 5,5% al cerrar el 2028.
Pero la movida impositiva no se limitó a la cosecha gruesa. Ya un día antes, el 21 de mayo, el propio Milei había anticipado una poda para los cultivos de invierno: el trigo y la cebada van a pasar del 7,5% al 5,5% a partir de junio de 2026. Todo esto forma parte de una estrategia mucho más amplia de la Rosada para apuntalar el crecimiento exportador, que en un futuro no muy lejano también podría incluir recortes impositivos para fierros pesados como el sector automotriz y el petroquímico.
Como era de esperarse, desde la industria salieron a bancar la jugada. La cámara de exportadores y aceiteros CIARA-CEC (peso pesado en el país, que es el mayor exportador mundial de harina y aceite de soja y el tercero de maíz) publicó en la red social X que este esquema progresivo “es el mejor camino para lograr mayor producción y exportaciones”.
Todo este nuevo panorama local se da justo en un momento donde las proyecciones productivas vienen levantando cabeza. La Bolsa de Cereales de Buenos Aires acaba de ajustar para arriba sus estimaciones para la cosecha de maíz, saltando de 61 a 64 millones de toneladas. Y esta inyección de oferta argentina no pasa desapercibida afuera: le está metiendo muchísima presión a las exportaciones ucranianas en los mercados clave, justo para la ventana de ventas que va de junio a agosto.
Según advirtieron desde la firma Spike Brokers, a los operadores ucranianos se les está haciendo cuesta arriba colocar contratos a futuro a causa de la feroz competencia sudamericana. Las exportaciones de Ucrania, en palabras de los propios brokers, están perdiendo el envión, y el mercado internacional ya está descontando que van a quedar stocks acumulados y un arranque bastante más holgado para la nueva campaña.
Pese a este freno de mano, entre el 1 y el 21 de mayo, Ucrania logró mover 1,56 millones de toneladas de maíz. Turquía se mantuvo a la cabeza de las compras llevándose más de 532.000 toneladas, y más atrás se encolumnaron Italia (197.000 toneladas) y Países Bajos (146.000). Israel y Corea del Sur también anotaron negocios por 112.000 y 104.000 toneladas, respectivamente.
Más allá de la avalancha de granos sudamericanos, los precios internacionales del maíz encontraron un piso y lograron un leve repunte al cierre de la semana, bancados principalmente por el buen ritmo de ventas de exportación desde Estados Unidos. Para tener la foto completa de las cotizaciones: en Chicago (CBOT), el contrato de maíz posición julio cerró en 462 centavos por bushel, anotando una suba de 8 centavos. Del otro lado del atlántico, en el MATIF europeo, el maíz para junio tocó los 221 euros por tonelada (unos 250 dólares).
En otros frentes logísticos, los precios FCA Chop para junio rondaron la franja de los 208 a 210 euros (entre 235 y 237 dólares por tonelada), mientras que la posición a noviembre se clavó en 200 euros (226 dólares). Por su parte, la plaza del SPIKE CPT Odesa para junio aguantó estoica en los 229 dólares por tonelada.


